LibroLidia

Lidia Iris Rodríguez Rodríguez es Profesora de Investigación Científica, Titular B, adscrita al Centro INAH Guanajuato. Es licenciada, maestra y doctora en Arqueología por la Escuela Nacional de Antropología e Historia. Actualmente cursa los estudios de doctorado en Antropología Social con especialidad en antropología política en la misma institución. Obtuvo la Beca para Mujeres en la Ciencia, área de Humanidades 2017 por el CONACYT, el Consejo Consultivo de Ciencias y la Academia Mexicana de Ciencias.

Adicionalmente la Dra. Rodríguez es Miembro de las Red Profesional Panamericana del Instituto Panamericano de Geografía e Historia (IPGH) y es Perito federal habilitado por la Fiscalía General de la Republica para la coordinación del equipo de arqueología forense de la Escuela Nacional de Antropología e Historia en el caso “Rosendo Radilla Pacheco”.

Sus líneas de investigación van desde los derechos culturales, pueblos originarios y patrimonio arqueológico, Metodologías interdisciplinarias y procesos comunitarios para los estudios de patrimonio, Crítica de la UNESCO, turismo y desarrollo sustentable, Bioarqueología y filiación étnica prehispánica en el estado de Guanajuato, Arqueología forense en casos de desaparición forzada, entre otras.

Las áreas de investigación que desarrolla abarcan los Estados de Hidalgo, Querétaro, Michoacán, Quintana Roo, Sonora, Chiapas, Tabasco, Oaxaca, Guanajuato, Baja California Sur y Guerrero, y en el ámbito internacional en Cuba, Perú, Venezuela, Bolivia, Colombia, Ecuador y Bélgica.

Esta obra presenta un análisis del comunitarismo originario en torno a la protección del patrimonio arqueológico en la Bolivia Plurinacional. El caso de estudio se concentra en el valle de Tiwanaku, espacio en donde se ubica el sitio arqueológico más conocido de Bolivia, declarado Patrimonio de la Humanidad el año 2000.  La coedición del Ministerio de Culturas y Turismo del Estado Plurinacional de Bolivia, el Centro de Investigaciones Arqueológicas, Antropológicas y Administración de Tiwanaku, La Paz- Bolivia, Tiwanaku-CIAAAT, la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH), Editorial Arkeopatias y editorial Montea, explora la relación que guardan las reivindicaciones de pueblos originarios, el patrimonio arqueológico y el Estado. Se resalta la relevancia del fenómeno étnico en América Latina en torno a la arqueología y la defensa del binomio patrimonio cultural-territorio como elementos relevantes en el proyecto político de diversos pueblos originarios latinoamericanos.

Publicado en junio de 2017, Tiwanaku, los rostros del Sol contiene presentaciones a cargo de Wilma Alanoca Mamani, Ministra de Culturas y Turismo, Jhonny Tola Mullisaca, Viceministro de Interculturalidad, María Leonor Cuevas Verduguez, Directora General de Patrimonio Cultural del Estado Plurinacional de Bolivia y los prólogos de Julio N. Condori Amaru, Director General Ejecutivo del Centro de Investigaciones Arqueológicas Antropológicas y de Administración de Tiwanaku-CIAAAT desde Bolivia y de Omar Olivo del Olmo de la Escuela Nacional de Antropología e Historia desde México.

El texto se conforma por seis apartados los cuales, se titulan “Bolivia Plurinacional y Arqueología”, “La Plurinacionalidad significa tener muchas culturas, cierto…”, “Tiwanaku es la cara de Bolivia, ¡hay que darle vida al pueblo!”, “Desde aquí nacemos como cultura aymara”, “Willka y Pacha mama en el Tiwanaku Plurinacional” y “Achachilan sarawipa en Tiwanaku”. En éstos, se desarrolla la investigación desde la perspectiva de la arqueología antropológica, última que es entendida como una tradición del quehacer científico arqueológico mexicano, la cual permite una visión integral del fenómeno social del patrimonio cultural. El libro da cuenta de los resultados de las estancias de investigación durante los años 2009 a 2013, en donde se plantea una metodología basada en el trabajo etnográfico enfocado en conocer el vínculo que une a las nacionalidades originarias con el patrimonio arqueológico desde la Plurinacionalidad.

El libro refleja la cotidianeidad de la vida en el valle de Tiwanaku, a través del trabajo con el Consejo de Ayllus y Comunidades Originarias de Tiwanaku (CACOT). A través de conocer el modo de vida en torno a las cooperativas lecheras y la simbiosis que se hace con el patrimonio arqueológico y el sistema de cargos a través del Takhi regulado por el sindicalismo originario campesino, Tiwanaku es reflejo de la dimensión estatal de la Bolivia que celebra el regreso del Sol en el Willkakuti, la toma de posesión del presidente indígena en el sitio arqueológico y la intervención del patrimonio cultural por los ayllus aymaras. La dimensión estatal e internacional en materia de conservación cobra aquí un sentido que no se entiende fuera de la praxis del comunitarismo, cuarto poder político de la Bolivia Plurinacional.

En este contexto, se identifica que el patrimonio cultural cumple una doble función desde el plano simbólico y el político, y por tanto, no se entiende su repercusión simbólica sino es en tanto por su sentido político. Con lo anterior se plantea que el territorio es contenedor de la historia de los pueblos originarios, por consecuencia, es un nivel más de su patrimonio cultural, de ahí que su defensa es por la integridad como colectivo y por el compromiso con sus ancestros y con generaciones futuras. En Tiwanaku, los rostros del Sol, la arqueología se ubica como una herramienta para sustentar la pertenencia, memoria y continuidad histórica de las poblaciones en un territorio determinado.

Con lo anterior, se refiere que el patrimonio cultural se plasma en todas las latitudes, objetos y elementos que constituyen el territorio que habitan las nacionalidades, pueblos y comunidades originarias; todo el territorio es legado ancestral y por tanto, la memoria colectiva impregna toda la dimensión social. Así, se refiere que un concepto aymara cercano al de patrimonio cultural es “Achachilan sarawipa” o “el camino de los abuelos, el legado de los abuelos”. El Apu o cerro sagrado es el espacio que habitan los ancestros, las waqas son entendidas como depósitos de memoria y lugar de los abuelos. El territorio es protegido por los achachilas, y en este sentido, el patrimonio cultural conlleva un contenido sagrado y simbólico de protección de la vida colectiva.

Tiwanaku es un símbolo cultural del nacionalismo de Bolivia pero, además, es sustento histórico y político de la población aymara y su relación histórica con otras nacionalidades y pueblos originarios en la plurinacionalidad. El libro nos invita por tanto a humanizar el fenómeno social del patrimonio cultural, ponerle rostros, voz, comunidad y territorio. Es una propuesta para irrumpir en la parcelación científica y replantear las posibilidades que la interdisciplina nos otorga desde la arqueología antropológica.

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