Salvamento y rescate arqueológicos. Algunas notas, varias discordantes y unas propuestas (1)
Luis Alberto López Wario
Dirección de Salvamento Arqueológico
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Palabras clave: arqueología, salvamento, rescate, diagnóstico, propuestas.
Palabras preliminares.
Al texto lo conforman cuatro apartados, y está estructurado a partir de la necesaria caracterización del quehacer de salvamento arqueológico, seguido de una inacabada lista de enfoques con los que considero se puede abordar el estudio de su proceso, para dar paso a un diagnóstico, entre los muchos posibles, de su desarrollo histórico, con énfasis en los hechos de los recientes años, para finalizar con la propuesta de algunas vías que permitirían superar una serie de problemas que aquejan a esta modalidad de las labores de estudio del pasado.
I. Caracterización
La arqueología (en realidad, se debe expresar en plural) se encuentra inmersa en contextos sociales determinados, por lo que convive y de manera inevitable está sujeta o al menos íntimamente relacionada con las dinámicas de las políticas nacionales y de las entidades de gobierno en turno.
En México, a lo largo de ya varios años, tanto los objetivos (al menos los oficiales y discursivos) como las facultades normativas institucionales se han conservado, en particular en el ámbito de la arqueología.
En contraste, los entornos políticos y sociales se han transformado, además que han cambiado los procedimientos (en concreto los trámites) y normas de construcción, así como los sistemas constructivos, que en conjunto han conducido a agilizar las obras y en ocasiones a hacer más agresivas y expeditas las intervenciones con las eventuales afectaciones a los patrimonios arqueológico, paleontológico e histórico.
Bajo esta lógica no se encuentra otra alternativa que adecuarse a los tiempos y circunstancias, pero sin que ello implique disminuir o perder las facultades institucionales que han sido edificadas durante años a través de experiencias, prácticas y esfuerzos colectivos.
La arqueología en nuestro país es una actividad que, más allá de sus posibilidades y aspiraciones centradas en el conocimiento de los procesos del pasado, se enfoca en las actividades que se efectúan de manera primordial bajo un sentido patrimonialista, considerando que al menos desde el siglo XIX, por mandato de ley, el Estado está obligado a garantizar la preservación de los bienes históricos, entendidos como herencia social.
Empero, uno de los mayores problemas en cualquier arqueología no radica en resolver el “Qué se estudia” e incluso ni en el “Por qué” o en el “Para qué se hace o quién lo hace”, sino en el “Cómo se desarrolla” de maneras concretas.
En específico de los salvamentos arqueológicos se ha dicho que son la última oportunidad que se cuenta para evitar la pérdida de la información y de los materiales en riesgo de afectación (Alejandro Martínez Muriel, 1988).
Los salvamentos arqueológicos son más que una actividad complementaria del quehacer institucional. Se constituyen en una variante de las investigaciones acerca de la vida de seres humanos a través de las evidencias materiales de la actividad humana, y en esta variante se aplica la misma normatividad y rigurosidad científica que en el resto de las varias arqueologías.
En consecuencia, por ser una actividad exclusiva del INAH, presentan las características, ventajas y los problemas de la arqueología institucional en general, por lo que las diferencias entre las diversas arqueologías que se desarrollan en el Instituto se encuentran más en sus prácticas específicas que en lo que establezca alguna norma.
Así, es lógico destacar que los salvamentos y rescates arqueológicos se han basado más en experiencia y aprendizaje cotidiano en la práctica concreta que en la formación escolar.
Se entiende que son actividades relacionadas con temas de intervenciones de urgencia, lo que por ende refiere a su contraparte la planeación.
Esta modalidad se enfrenta a una situación inicial compleja pues, por un lado, hay un universo de evidencias que es sólo parcialmente conocido, sus componentes se encuentran dispersos y es muy grande su diversidad, tanto por su estado de conservación como por sus múltiples características, e incluso que gran parte de las evidencias se encuentran en riesgo. A ese conjunto tan heterogéneo se aplican parámetros y criterios no siempre homogéneos ni congruentes.
Pero por otro lado existe la necesidad real, fundamentada y en ocasiones acaso creada para conseguir un conjunto creciente de los satisfactores sociales o incluso particulares, lo que implica el desarrollo de actividades constructivas que impactan siempre el paisaje y con alta frecuencia a los bienes patrimoniales.
Además, el tema de la protección patrimonial está inmerso en la legislación temática en México, en concreto en la Ley Federal sobre Monumentos Arqueológicos, Artísticos e Históricos (en adelante Ley), patrimonio nacional que incluye a los elementos arqueológicos, históricos sin olvidar a las evidencias paleontológicas. En esta normativa establecida en 1972 y que se conservó en la adecuación de 1986, se establece que serán antropólogos titulados quienes atenderán los salvamentos arqueológicos (2)
Bajo esta lógica, los salvamentos y rescates arqueológicos cuentan con varios aspectos que se constituyen como sus límites siendo, de los cinco aquí revisados, los dos primeros los mayormente reconocidos y que incluso están establecidos en las normas de esta modalidad de investigación arqueológica en México.
1. Límites espaciales. Corresponden a la determinación de la eventual área de afectación, ya sea por obra constructiva o por afectación natural. Esta característica conduce a preguntarse si hay oportunidad de estudiar áreas vecinas, y si es adecuado, factible o permisible extender el área de estudio, con el planteamiento de una meta académica preferentemente de alcance regional. Es decir, si es posible ampliar las actividades de investigación bajo una perspectiva más amplia que la constreñida por el área de afectación. Cabe recordar que las preguntas se enfocan a los grupos humanos en su proceso histórico, no se plantean acerca de una obra o una afectación natural específicas.
2. Límites temporales. Estos se refieren a los plazos de realización, relacionados con los tiempos en concreto de la obra. En consecuencia, estos plazos deberían corresponder a los tiempos que determinen la evaluación de los especialistas, quienes definen con base en criterios académicos explícitos. Este aspecto mantiene íntima relación para entender que, por ello, la investigación debe ser considerada en la totalidad de sus fases, y no restringir el salvamento o el rescate a la fase de recuperación de materiales e información. Es decir, que el equipo de investigación (el INAH, en sí mismo) cuente con los recursos, de todo tipo, suficientes para atender esta actividad.
3. Límite de temporalidad. Sin embargo, también se debe considerar el límite de las cronologías que desde la perspectiva legal es posible proteger para las evidencias recuperables, pues en los salvamentos y rescates el estudio no se constriñe a los materiales que se puedan ubicar para la época prehispánica (es decir, aquellos que corresponden a eventos previos al establecimiento del dominio hispano). Su práctica impone el análisis de materiales de cualquier temporalidad. Esta amplitud temática es resultante en los hechos y derivado de experiencias, pero no encuentra correspondencia en lo que establece la Ley Federal ya mencionada.
4. Límites legales. Uno de los resultados esperados por no decir obligatorios de una intervención de salvamento o rescate es la generación de un dictamen que defina la presencia o ausencia de evidencias patrimoniales, sus características culturales y materiales, su estado de conservación y, de manera fundamental, las estrategias técnicas y legales que posibiliten su estudio, conservación, resguardo y difusión. El límite radica aquí en lo que se puede lograr a partir de esos dictámenes técnicos.
Los salvamentos y rescates son la atención especializada que brinda la institución y los especialistas ante las afectaciones que eventualmente se pueden prevenir o, en su caso, detener, máxime ante las obras, que por supuesto no son hechos irreversibles. Es decir, la arqueología de salvamento no tiene como objetivo participar en las obras para finalmente autorizarlas, sino que su misión radica fundamentalmente en determinar la presencia de las evidencias patrimoniales, su estado de conservación, su caracterización cultural y la definición de estrategias que permitan su preservación y estudio.
5. Límite de exclusividad. Esta modalidad se constituye, por norma, en una actividad exclusiva del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), fundamentalmente porque genera resoluciones con implicaciones legales en cuanto la eventual probabilidad de desarrollo de obras. Esas determinaciones, además del diagnóstico y seguimiento de las afectaciones en proceso o las eventuales, son prerrogativas del Instituto como ente normativo creado para esos fines.
No se puede dejar de lado que en estas actividades es inexistente o escaso el margen para la improvisación o el error, pues no se cuenta con una segunda oportunidad.
En consecuencia, es claro que los salvamentos y rescates arqueológicos son primordialmente procedimientos institucionales, lo que vuelve obligatorio el cumplimiento y apoyo de todo el aparato o maquinaria institucional para su adecuado logro. Resulta obvio que estas actividades se atienden a partir de una comisión oficial, y no con base en un acto voluntarioso de un trabajador en lo personal.
Por otra parte, queda claro que los salvamentos y rescates son una de las labores arqueológicas con mayor contacto con su sociedad contemporánea y, en consecuencia, la que tiene un cariz político más señalado que las otras modalidades.
II.- Enfoques para examinar los salvamentos
Existen múltiples enfoques para poder analizar cualquier quehacer arqueológico. Para los alcances de este texto, se plantean seis en torno a los salvamentos y rescates: histórico, técnico, metodológico, operativo, social y político.
1. Histórico, que se refiere a los procedimientos (formas) en que se han atendido las labores de salvamento y rescate. De esta perspectiva se desprenden unas fases, lo que no indica que una haya sustituido a la otra, ni implica que ya no se aplique alguna de ellas: 1a.- se da aviso al INAH para que el especialista recoja las evidencias en obras ya concluidas; 2a.- el especialista colecta (labor conocida coloquialmente como “pepena”) los materiales de manera simultánea al desarrollo de la obra o afectación; 3a.- el especialista se adelanta a la obra, con el objetivo de determinar áreas que no deben ser afectadas o incluso lograr modificaciones al sistema constructivo o al proyecto en general, y, ojalá se concrete en breve; se entendería que la obra se tiene que desarrollar, de una forma u otra; 4a.- que el especialista se encamine a determinar la factibilidad de una obra.
Por otra parte, el enfoque histórico también se puede encaminar a estudiar la dinámica de la sociedad en que se ha desarrollado el quehacer. Para ello es necesario contar con el conocimiento de los entornos sociopolíticos, los contextos en que se originan, definen y se han realizado tanto las obras como el quehacer institucional.
Las características políticas de México hacen posible definir estos periodos en gran medida con base en los cambios por periodos sexenales, en los que se establecen prioridades constructivas que se concretan más en el tipo de obras que se realizan por los gobiernos en turno que en los discursos. Los hechos siempre son más profundos (incluso tercos) que la retórica.
Los tipos de obras específicos, su ubicación y sus plazos se establecen en función de políticas de los gobiernos federales o estatales, incluso con un peso diverso del centralismo o la descentralización. Mención aparte pero no menos importante es la relevancia de los cambios de uso del suelo y de la tenencia de la tierra, además del crecimiento de la gentrificación, procesos que en mucho están relacionados con las políticas de las administraciones gubernamentales a partir de políticas sociales y financieras, sin olvidar la actuación de grupos delincuenciales, actividades que no se desarrollan de manera uniforme.
2. Técnico. Este enfoque se refiere a la manera concreta en que se desarrollan los salvamentos y rescates, sus fases y actividades específicas, con los recursos materiales, humanos y financieros que de entrada deberían ser suficientes. Se aborda a partir de evaluar qué tipos de estrategias técnicas se deben aplicar si son reconocimientos de superficie, excavaciones, supervisiones, o bien de proyectos en que se estudien áreas o en espacios puntuales, en ámbitos urbanos o en zonas no ocupadas por el ser humano, con actividades agrícolas, portuarias, ganaderas, mineras o de estupefacientes, entre las posibles condiciones antrópicas o naturales, sin dejar de lado las características específicas del sistema constructivo. Es decir, se aplican las técnicas y estrategias adecuadas al proceso constructivo o afectación concretos.
3. Metodológico. Es necesario partir de la necesaria claridad en cuanto el objetivo de la actividad. Se debe subrayar que los salvamentos son investigación y no simple recuperación de objetos antiguos. En ese sentido, se debe dar cumplimiento a las fases de investigación acordadas, y no limitar la intervención a contar con el registro pormenorizado y con las evidencias recuperadas. Se deben alcanzar las fases metodológicas de análisis e interpretación o explicación a partir de esos registros pormenorizados. El objetivo consiste en contar con bases explícitas y rigurosas para poder definir la pertinencia o no de aplicar modificaciones a una obra en concreto e incluso determinar la no autorización de un proyecto constructivo. En síntesis, los salvamentos arqueológicos no se constituyen como una actividad maquiladora, sino como un proceso de investigación que permite decidir en temas de preservación patrimonial. Por supuesto que no se puede dejar de lado la relevancia del indispensable impulso a la divulgación de las actividades arqueológicas.
4. Operativo. Se debe contar con una adecuada organización para el trabajo específico, y otorgar el apoyo pertinente al personal comisionado para que se culminen los procesos. Los salvamentos y rescates no son una actividad personal, sino que de origen son parte de un proceso institucional.
5. Sociales. Son actividades en que es amplia y diversa la participación de actores sociales. Es heterogéneo el universo de solicitudes que atiende el INAH para la comunidad, así como las expectativas de los grupos sociales. Por ello, es pertinente tener claridad en cuanto si se trata de obras con supuesto o real beneficio social, además de saber qué se espera del quehacer arqueológico en general, de los salvamentos en particular y de un salvamento o rescate en concreto.
6. Políticos. Este es uno de los enfoques de mayor incidencia. Se debe considerar la relación que guardan el salvamento y el rescate arqueológicos ante los diversos poderes, no sólo los políticos sino también los financieros y sociales. Se precisa atender el dilema de dar respuesta adecuada y contar con la preparación académica e institucional ante las demandas e incluso embates de diversos grupos sociales. Para ello, tiempo atrás se construyeron algunas soluciones organizativas. Una vía consistía, por ejemplo, en el impulso a los Convenios Marco con diversas instituciones y organismos públicos o privados; que posibilitaban la recepción en el INAH de los planes de obra, lo que permitía su evaluación y priorización. Las evaluaciones se efectúan a partir de considerar el riesgo de impacto, dimensiones, potencialidad o urgencia, para lo que se crean equipos de trabajo que realizan un diagnóstico preliminar que será base de la intervención precisa y organizada.
III.- Algunos problemas en la actualidad
Las actividades de salvamento y rescate arqueológicos están inmersas en ese conjunto de considerandos y en un contexto social del que se puede caracterizar al menos como intenso y convulso. Por ello resaltan algunas dificultades o yerros en su desarrollo.
1. El INAH no aplica estrategias que le permitan adelantarse a las obras constructivas. En múltiples casos la participación institucional se ha (auto) limitado a la obtención de información histórica, es decir, datos de las evidencias y a evitar los impactos al patrimonio nacional.
2. En múltiples ocasiones se ha enfatizado el enfoque que considera que los salvamentos y rescates arqueológicos se encaminan a la participación en obras, lo que ha generado disminución o pérdida de la protección y de la investigación de las evidencias, pues en los hechos se ha subrayado la intervención que prioriza que se realice la obra.
3. Se interviene en obras en proceso, ya concluidas o irreversibles, por lo que es necesario reiterar la importancia de la participación institucional de manera previa y en todas las áreas de la eventual afectación, pues se cuenta con la facultad institucional de proponer modificaciones a las obras e incluso negar la autorización.
4. En múltiples casos no se culminan las investigaciones. Por supuesto que es generalizada la recuperación y protección de materiales e información, pero no siempre se alcanza la fase de integración de resultados, ni estos se abordan con perspectiva regional. Se ha dejado de lado que la meta científica se encuentra en que se alcance algún aporte al discurso histórico social, antiguo y actual, además de soslayar el indispensable impulso a la difusión y divulgación institucional. En los hechos, los resultados que se han obtenido en este último campo han sido producto principalmente de esfuerzos personales.
5. No se consideran los impactos al patrimonio en el entorno de las zonas de afectación por las obras. Cuando se realiza este enfoque durante el desarrollo de las obras escasamente se aborda con perspectivas a mediano y largo plazos. Se deja de lado que un salvamento o un rescate arqueológicos producen no sólo un discurso histórico (cuando se llega a ese nivel), sino que principalmente acarrea consecuencias en los ámbitos ambiental y social. Los sitios arqueológicos, históricos o paleontológicos se vuelven un atractivo que genera impactos en el entorno de los espacios con evidencias patrimoniales en momentos posteriores a la inauguración de la obra.
6. Se han incrementado los riesgos en el desarrollo del quehacer por condiciones de inseguridad de todo tipo. Esta situación afecta a los bienes patrimoniales, a los equipos e instrumentos de trabajo, a los recursos financieros y principalmente a la integridad del personal comisionado. Por su origen y por la carencia de facultades del INAH para disminuirlas, estas situaciones no podrán ser dominadas por el Instituto, pero al menos éste debe considerar su eventual impacto y planear que no ocurra o lo sea en menor grado.
7. Se han visto mermadas las condiciones laborales de los comisionados, aún más señalado y grave en el personal bajo contrato. Aún más; las relaciones laborales se han pervertido pues las contrataciones se efectúan por medio de empresas incluso particulares, es común que se carezca de certeza laboral, que los salarios no sean adecuados y no se otorguen las prestaciones indispensables. En el fondo queda la pregunta ¿el especialista está o no comisionado por el INAH? De ser afirmativa la respuesta ¿quién asume su responsabilidad? Más aún ¿quién realiza el salvamento arqueológico, que es una labor exclusiva del INAH?
8. En las actividades no se cuentan los recursos humanos, materiales y financieros suficientes, sino aquellos que determina un ente ajeno o lejano al especialista responsable, y en múltiples ocasiones tampoco se otorgan en tiempo. Esto ocurre con incidencia mayor derivado del incremento de actividades constructivas que por ley le compete atender al INAH.
Para la atención y desarrollo del quehacer de protección del patrimonio arqueológico, histórico y paleontológico se requiere contar con personal calificado, que reciba capacitación constante, además de que se cuente en tiempo y forma con los recursos pertinentes. También es necesario que esté disponible el equipo de trabajo (herramientas y maquinaria), que se encuentre en buen estado y que permita la rigurosa aplicación de técnicas de probada eficacia. Sin embargo, no se debe olvidar que la tecnología ayuda, pero no resuelve temas de interpretación o explicación, ni mucho menos de decisión, que es el centro del quehacer. Dado que será la base del dictamen técnico y legal, se debe tener precisión para contar con el registro pormenorizado.
IV.- Propuestas iniciales
José Luis Lorenzo, Norberto González Crespo, Rubén Cabrera Castro, Jordy Gussiyer, Alejandro Martínez Muriel, Ángel García-Cook, Rubén Manzanilla López, Margarita Carballal Staedtler y Luis Pantoja Díaz, por mencionar algunos, son impulsores o desarrolladores del quehacer de salvamento arqueológico. Pero no basta citarlos para que se entiendan y resuelvan los problemas actuales. Cada uno de ellos debe ser ubicado en su tiempo, con sus metas, procedimientos, limitantes, actos, alcances y aportaciones. La solución se encuentra en atender la pregunta que nos atañe: ¿qué hacemos en nuestro tiempo y en nuestras circunstancias para desarrollar de manera más adecuada esta labor?
Para avanzar en los intentos de resolver esa pregunta, se presentan trece propuestas.
A. Entender que los salvamentos y rescates arqueológicos son más problema de nosotros que de los constructores y desarrolladores. Debemos partir de organizarnos para atender de manera adecuada la encomienda de preservar y estudiar el patrimonio nacional en riesgo por obras o afectaciones naturales. ¿Qué debe hacer el INAH para fortalecer su práctica y poder desarrollar de mejor manera sus labores y aplicar sus facultades? En primer lugar, reforzar su organización interna y priorizar el enfoque académico más que el administrativo. La meta es contar con dictámenes preventivos o correctivos y resultados académicos. Es necesario avanzar en la intervención institucional oportuna, pues cada fase pospuesta o realizada de forma inadecuada, ya sea por tiempo o acciones e incluso que no se efectué, genera un impacto irreversible al patrimonio y complica la actuación del INAH. Al final, no es pertinente o posible debatir y sostener en los ámbitos legal, social y político con un dictamen que carece de sustento académico.
B. Para encaminarnos a esa meta es necesario reimpulsar la relación con otras instituciones y organismos, públicos y privados que proyectan o ejecutan los programas constructivos. Esa relación surge de priorizar las facultades institucionales, que se encuentran tanto en la Ley Federal como en la Ley Orgánica del INAH y sus reglamentos. Una actividad concreta importante radica en recuperar los convenios marco que el INAH suscribió (y que deben seguir vigentes) con la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT), la Comisión Nacional de Agua (CONAGUA), Comisión Federal de Electricidad (CFE), Petróleos Mexicanos (PEMEX) y los gobiernos de las entidades, además de generar acuerdos semejantes con la Secretaría de la Defensa Nacional (SEDENA) y Fondo Nacional de Fomento al Turismo (FONATUR). A pesar que las obras las desarrolle un particular o varios de ellos, por concesión o por otra razón técnica, financiera o legal que se aduzca, en los convenios mencionados quedaron explícitos los alcances de la obligatoriedad de atender los planteamientos plasmados en los acuerdos, independientemente de qué empresa particular efectúe la obra. El acuerdo y los compromisos se alcanzaron con las autoridades federal, estatales y municipales.
Empero, es factible lograr acuerdos incluso con la Cámara Nacional de la Industria de la Construcción, que impulse con sus agremiados los acuerdos que permitan recuperar, preservar, estudiar y divulgar el quehacer institucional. Ya se habían alcanzado esos niveles de acuerdo durante los años finales del siglo XX y principios del actual.
Otro mecanismo consiste en lo que propuse durante las transiciones gubernamentales de 2018 (agosto) y 2024 (septiembre), además que se tiene el respaldo de su benéfica aplicación en periodos previos. Por escrito señalé a las instancias institucionales involucradas en la organización académica una serie de mecanismos concretos que permitan de manera oficial atender los planes de desarrollo nacionales de las administraciones presidenciales. En concreto, propuse que las primeras fases de la indispensable y oportuna acción institucional radican en presentar la petición de manera formal de entrega de la información concreta acerca de las obras proyectadas por parte de las instancias gubernamentales, así sean proyectos constructivos preliminares, crear dentro del INAH grupos de trabajo de especialistas que desarrollen evaluaciones de esa información y planteen estrategias técnicas y legales.
C. En este proceso se vuelve fundamental que se entienda que las actividades de salvamento y rescate arqueológicos son una responsabilidad de toda la institución, lo que obliga a otorgar a los comisionados directos un mayor apoyo y mejor presencia de autoridades, operativos, administrativos y jurídicos. No es un asunto personal y aislado que sea competencia del agente/arqueólogo comisionado, ni esta consideración debe enfocarse a unas fases del quehacer, sino que el apoyo y presencia institucional se otorgue a lo largo de todo el proceso. En todo momento del salvamento o rescate los actos son realizados por representantes del INAH, no por especialistas en lo particular.
D. Por supuesto que también se debe impulsar la definición precisa, expresa, colectiva de criterios y parámetros que permitan decidir qué se preserva y qué se explora para que se pueda desarrollar una obra. Es decir, se debe tratar de superar lo casuístico y reducir la discrecionalidad. Incuso los criterios se pueden construir a niveles regionales.
E. No se pueden alcanzar las metas si no se atienden las peticiones del personal comisionado en cuanto sus requerimientos laborales, jurídicos y técnicos. Se debe entender que los especialistas que efectúan estos quehaceres son resultado de la inversión social y, antes que nada, personas. Las capacidades del personal participante no están en duda (o no debieran estarlo si es que ya se les comisionó); lo que se requiere es darles los apoyos en tiempo y forma, así como otorgar la mayor seguridad laboral posible.
F. Pero el quehacer de salvamento y rescate en gran medida se aprende en la práctica, lo que ha generado un cúmulo de experiencias que se pueden y deben transmitir. Por ello resulta indispensable la capacitación desde las escuelas en tanto el tema de la modalidad de salvamento arqueológico. Así, se debe fortalecer la relación del INAH con las escuelas, no sólo ENAH, ENCRYM y EAHN, sino con todas aquellas en que se imparta arqueología. Es decir, impulsar la formación de más y mejores especialistas en esta área del quehacer, por medio de cursos regulares, seminarios y pláticas.
G. El proceso de investigación no se cumple si no se alcanza la difusión y divulgación del quehacer arqueológico, desde el inicio de una actividad hasta la integración de los resultados. Es un aspecto que se vuelve fundamental en el quehacer institucional, y se puede lograr con base en los convenios o acuerdos específicos con los constructores o desarrolladores.
H. Es prioritario que se impulse el enfoque que prioriza que las evaluaciones arqueológicas se encaminan a determinar la viabilidad de las obras. La meta de esta modalidad de la arqueología no radica en participar con el objetivo de recuperar materiales e información para que la obra se pueda desarrollar, y mucho menos hacerlo tardíamente. Las facultades del INAH se encaminan a evitar la pérdida o disminuir la afectación de bienes patrimoniales, no a extender una autorización de obra. A la larga, se debería caminar institucionalmente a la construcción de la Afirmativa Patrimonial.
I. Una característica general del salvamento arqueológico es su magnitud espacial y conceptual, lo que le permitiría generar proyectos de alcance regional, de los que se puedan derivar o insertar proyectos y actividades específicos. Incuso existe la posibilidad de crear proyectos cobertores, a nivel regional.
J. Otra característica señalada de estas actividades es su intensa e íntima relación con el mundo actual, por lo que además de posible es necesario dirigir las investigaciones a abordar la discusión de temas de relevancia social, de índole nacional o local. Temas como la capacidad de carga, el uso del agua, la explotación de recursos no renovables o de los espacios inadecuados para vivienda, los impactos de abuso en los recursos por prácticas como la deforestación o procesos agrícolas, mineros, industriales, entre otros, permitirá atender problemáticas de nuestra sociedad con enfoque histórico.
K. Un grave problema radica en tomar decisiones centralistas y sin considerar las perspectivas y vivencias de los involucrados en las circunstancias locales. Para ello, se debe impulsar la realización de una encuesta nacional acerca de las condiciones laborales del personal y las situaciones de riesgo laboral por entidad o región. Esto permitirá contar con información de primera mano y fuente directa, para poder atender los requerimientos y amenguar los problemas. No basta el enfoque étic, se requiere el enfoque émic para atender las condiciones de trabajo.
L. Las condiciones sociales en que se efectúan los trabajos de salvamento y rescate arqueológicos han incrementado los riesgos para el personal comisionado. Por ello, se debe impulsar la construcción multidisciplinaria e interinstitucional de Mapas de Riesgo que consideren los impactos a los bienes patrimoniales por el inopinado impacto de los agentes naturales (ciclones, sismos, vulcanismo, viento, sequías, inundaciones) así como los crecientes impactos antrópicos, tales como cambios en los usos del suelo, la tenencia de la tierra, los conflictos sociales de todo tipo, la oposición a las obras mismas, de manera señalada y creciente con datos acerca de las áreas de gran riesgo por siembra o trasiego de estupefacientes, y las políticas constructivas de los tres niveles de gobierno, entre muchos otros agentes más.
M. De manera preliminar, finalmente también se pueden explorar los mecanismos institucionales federales y estatales que permitan participar en la elaboración de los programas de desarrollo nacional, a la par de otros organismos públicos e incluso privados. El INAH es un organismo que cuenta con facultades y metas muy específicas, establecidas por Ley, que permitirán incidir en una más adecuada convivencia y desarrollo de los satisfactores sociales.
V.- Epílogo
El salvamento arqueológico no es un tema que se reduzca a la contabilidad de artefactos recuperados, sitios registrados u obras atendidas o autorizadas, sino que su relevancia radica en la aplicación sustentada de las formas adecuadas y posibles para proteger el patrimonio, evitar la afectación, para participar coordinada y no subordinadamente en las obras, responder/atender las obligaciones legales, hacia adentro y hacia afuera de la institución, y de alcanzar las propuestas de los discursos académicos.
Para los salvamentos y rescates arqueológico se aplica (¿debe aplicarse?) lo que está establecido en la Ley, pero siempre, si se puede más, es mejor, y no caminar en la vía de restar las metas. La autolimitación ha resultado en extremo dañina para el quehacer institucional ya por demasiados años.
En síntesis, se propone andar caminos ya transitados: impulsar los diagnósticos académicos que al final permitan tomar mejores decisiones, enfatizar la prevención ante las eventuales afectaciones, subrayar la necesidad de crear y divulgar los discursos históricos, estar en contacto con las comunidades locales, atender al personal comisionado como eso, como personal comisionado, entender que todo ello se efectúa con base en el trabajo en colectivo de los especialistas y que todo esto es parte del quehacer institucional.
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(1) Una versión preliminar de este texto se presentó el 2 de septiembre del 2024 en el Seminario Patrimonio Cultural, Antropología, Historia y Legislación de la Dirección de Estudios Históricos del INAH, que coordina el doctor Bolfy Efraín Cottom Ulín. El tema que se abordó en esa sesión fue "Salvamento y rescate arqueológico. Aportaciones, polémicas y políticas". Agradezco al doctor Cottom que tuvo a bien extenderme la invitación para participar en su seminario. Se agradece a la arqueóloga Margarita Carballal Steadtler, a la doctora Rosa María Reyna Robles y al doctor Boyfy Cottom sus comentarios y sugerencias al texto.
(2) Es pertinente referir que, por convenio con la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), hasta el plan de estudios de 1970 en la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH) los estudiantes egresaban con título de antropólogos, en su caso con la especialidad de arqueología.
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Bibliografía
Martínez Muriel, Alejandro, 1988, “El salvamento arqueológico”, en García Mora, Carlos y María de la Luz del Valle Berrocal, La Antropología en México, tomo 6, México, Instituto Nacional de Antropología e Historia, pp. 395-410.