Arqlgo. Juan Carlos Campos-Varela
P.A. Juan Carlos González Hurtado
Dirección de Salvamento Arqueológico-INAH

Figura 1

Figura 1. Ubicación del predio de Topacio 5 de acuerdo con el Plano de la Ciudad de México de Pedro de Arrieta (1737).

Derivado de una denuncia ciudadana por obra constructiva irregular, que ameritó inspección por parte de la Dirección de Salvamento Arqueológico y el posterior proceso de suspensión por parte de la Coordinación Nacional de Monumentos Históricos del INAH, se procedió a plantear un proyecto de salvamento arqueológico en un predio ubicado en la calle de Topacio 5 esquina con Regina, Centro Histórico, Alcaldía Cuauhtémoc, Ciudad de México. La exploración arqueológica se inició en agosto de 2020, hacia el límite sur del Perímetro “A” del Centro Histórico, en una superficie total de 801.40 m2, ubicada en las inmediaciones de la Plaza Juan José Baz o Plaza de la Aguilita. La importancia de este lugar en términos arqueológicos radica en que se sitúa dentro de la parcialidad de Teopan, correspondiente a la ciudad prehispánica de México-Tenochtitlán durante el Horizonte Posclásico en su periodo Tardío (1200-1521). Para la época Colonial en su periodo Temprano (1521-1620), esta zona se convirtió en la periferia de La Traza hispana de la Ciudad de México con una población preponderantemente de origen indígena, cuya mano de obra se empleó para el trabajo artesanal y de servicios (Figura 1).

Con la realización de estas excavaciones, se lograron identificar por lo menos cuatro ocupaciones anteriores a las últimas construcciones de mediados del s. XX, que ya habían afectado el subsuelo. La ocupación del s. XVIII-XIX (1735-1875) consistió en varios elementos arquitectónicos como apisonados, alineamientos de piedra y un desagüe de agua. Asociado a ello, hubo presencia de materiales arqueológicos de cerámica mayólica, alisada y vidriada, lítica, hueso de animal, vidrio y metal. Respecto a las evidencias del s. XVII-XVIII (1638-1735), se identificaron los arranques de muros de carga y divisorios en mampostería, pisos de cal-arena, apisonados y como hallazgo relevante, la presencia de un espacio de producción artesanal dedicado a la curtiduría, que constó de tres tinas para el procesamiento de pieles, con las cuales se fabricaron suelas y tapas para calzado, de acuerdo al material de cuero recuperado en asociación con cerámica alisada, mayólica, bruñida y vidriada, lítica y hueso de animal. Durante los s. XVI-XVII (1537-1638), se reconocieron apisonados en asociación con tlecuiles improvisados. El material arqueológico consistió en cerámica alisada, Azteca bruñida y vidriada, hueso de animal y gran cantidad de lítica. La etapa Prehispánica (1507-1537), correspondió a un espacio ocupado por canales y terraplenes constituidos con amplias concentraciones de piedra, que ayudaron a reforzar dichas modificaciones, con las que gradualmente durante el periodo Azteca III Tardío (1455-1521) se ganó terreno al Lago de Texcoco. El último nivel que presentó evidencia de actividad humana, consistió en una serie de estratos de origen lacustre, que contenían en su mayoría variados materiales arqueológicos cerámicos y líticos de los periodos Azteca III Temprano y Tardío (1403-1455) (Figura 2).

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Figura 2. Objetos y vasijas de filiación mexica recuperados durante las excavaciones: vasijas de loza Texcoco Bruñida, omechicahuaztli, tejolotes de basalto, orejera Epcololli, figurilla sólida femenina, cascabel de barro, pendiente de concha, malacates con diseño de reptil y Ehecacózcatl, sello con motivos concéntricos, cuchillo miniatura de obsidiana, orejera de arcilla, navaja-punzón de obsidiana, figurilla sólida de Ehecatl-Quetzalcoatl y vasijas de loza Azteca Bruñida.

La casa-habitación y taller de curtiduría del siglo XVII-XVIII (1638-1735), fue el contexto mejor preservado y reveló las evidencias arquitectónicas más completas de ocupación del predio. Los muros presentes –que en algunos casos fueron reutilizados como cimiento de la construcción del siglo XVIII-XIX- permitieron reconstruir hipotéticamente el uso de algunos espacios, a partir de la proyección de algunos de los muros plenamente identificados para esta etapa. En este ejercicio de identificación, contamos con el relevante trabajo de Sánchez-Reyes (2019), que pudo identificar a partir de la evidencia arquitectónica del siglo XVIII en pie, los espacios de trabajo y actividad de una curtiduría en el barrio de San Pablo, en lo que actualmente es el Centro Cultural Casa Talavera, ubicado a escasos 100 metros del predio que excavamos rumbo al norte (Figura 3).

Figura 3

Figura 3. Áreas de actividad en la planta baja de Casa Talavera, ubicada entre la Acequia de Roldan, Puente Colorado y Callejón de la Danza (Roldan, República del Salvador y Talavera), curtiduría de la familia Arizavalo en el siglo XVIII. Tomado de Sánchez-Reyes (2019) (izquierda) y del taller de curtiduría de las calles de Manito y Muñoz (esquina de Regina y Topacio) localizado en este proyecto (derecha).

Al menos esta etapa constó de un patio principal, traspatio, accesorias y áreas de trabajo. Estas últimas se reconocieron a partir del hallazgo de tres piletas para el lavado y curtido de pieles que fueron tratadas en este espacio, con el fin de fabricar suelas y tapas para calzado, de las cuales se recuperaron deshechos de corte y reutilización de las mismas. En la zona identificada como traspatio, encontramos grandes concentraciones de materia orgánica, producto del proceso de curtido. Esta actividad debió ser desarrollada bajo el modelo económico de un taller artesanal familiar, que producía materias primas para fabricantes de calzado, pues el sistema de gremios y sus ordenanzas, no permitían el libre comercio y fabricación de productos terminados, que en el caso del trabajo de la piel, estuvo tan singularizado, que existían corporaciones separadas para curtidores, zapateros, talabarteros, etc. (Figura 4). En el caso específico del gremio zapatero, actividades con las que relacionamos el hallazgo de los “noques”, desechos de cuero y “cascalote”, parece haberse establecido de manera formal en la Ciudad de México el 25 de octubre de 1560, confirmando sus Ordenanzas el virrey Don Luis de Velasco I, el 31 de diciembre de ese año. Se tiene noticia del primer local de zapatería en la Ciudad de México para 1611, de 66 para 1719, 359 en 1801 y 1 146 en 1811. Los oficiales del gremio que intentaran ser maestros debían someterse al examen de fabricación de una bota, una botilla, un zapato de hombre y uno de mujer, entre otros. Solo así obtenían el derecho de establecer una tienda donde fabricar y vender sus artículos. Las ordenanzas eran claras en establecer la excepción y monopolio en la fabricación del calzado, protegiendo asimismo a otros gremios, de manera que ningún zapatero podía curtir y zurrar pieles, así como fabricar agujetas, hebillas y chapines. La unidad básica de producción era el taller artesanal, no existiendo restricciones de “calidad” racial para ejercer la profesión, más que para la venta al público. El comercio y precios de los productos de cuero, se fijaba de manera oficial en el local de “cordobanes”, aunque los talleres se encontraban dispersos en la ciudad, tanto dentro como en las zonas periféricas de La Traza. La cofradía de los zapateros participaba activamente de la vida social y religiosa de la Ciudad, estando encomendada a San Crispín cuya fiesta era el 25 de octubre, aunque también celebraban a los Santos Patronos (Sagrada Familia) el 1 de enero y Crispiano y Aniano el 17 de septiembre.

Figura 4

Figura 4. Noques antes y después de su proceso de restauración-conservación para reenterrarse, muros y pisos enladrillados correspondientes a la curtiduría de los siglos XVII-XVIII (1638-1735).

A pesar de estas regulaciones y estructuraciones, existieron zapateros españoles e indios que fabricaban, vendían y ofrecían sus productos y servicios de forma libre, en detrimento de quienes poseían tiendas y talleres establecidos que pagaban derechos e impuestos por fabricación, venta de producto y compra de materias primas. Es muy interesante el trabajo desarrollado por Brun (1979), quien en un estudio del gremio en el ocaso del virreinato en la Ciudad de México, nos da un perfil social de quienes laboraban en estas actividades. El autor señala que en una muestra de 202 zapateros el 71.2% pertenecía a las clases medias y bajas de la sociedad, habitando en casas y vecindades con cuartos interiores (71.2%). Los hombres eran quienes mayoritariamente ejercían el oficio (98.5%) frente a las mujeres (1.5%). 33.1% eran españoles, 30.6% indios y 36.1% otras castas. El 64.8% eran nativos de la Ciudad de México y 35.1% eran migrantes. El modelo de unidad domestica más abundante en este gremio era el unifamiliar de una pareja con hijos, seguida de parejas sin hijos y viudas y viudos con hijos. En otros casos quienes ejercían el oficio, eran familias extensas o familias múltiples con diverso grados de parentesco, principalmente hermanos o cuñados, aunque también había presencia de familias sin parentesco (enlazadas por calidad racial y profesión común) e individuos solos que trabajaban el calzado. A los españoles se les permitía la venta al público en tienda y a los indios en los mercados de San Juan, San Hipólito y Tlatelolco. Aunque los gremios fueron suprimidos oficialmente en Nueva España el 7 de agosto de 1814, el gremio de zapateros ya sufría de un agotamiento, acentuado por las medidas borbónicas de libre mercado y competencia que gradualmente produjeron la extinción de los monopolios estamentales en beneficio del poderío económico de la metrópoli, al generar contradicciones entre quienes controlaban la industria, poseían el capital y la mano de obra de aprendices y oficiales imposibilitados de tener movilidad laboral debido a la deslealtad y la falta de liquidez para establecer un negocio propio (Nieto 1986; González-Angulo 1979). En el contexto registrado, las accesorias debían distribuirse alrededor del patio principal, abriéndose las crujías y sus accesos a lo largo de las calles de Regina y Topacio. El patio principal debía ubicarse en gran parte bajo el actual predio de Regina 163 y el traspatio se ubicaba dentro del terreno, lindando con las actuales propiedades ubicadas rumbo al sur y oeste del actual predio. Los restos de muros interiores, algunos de los cuales estaban aparejados engrosando su espesor y fungiendo como muros de carga, indican que esta casa-habitación debía componerse de dos plantas, una baja y otra alta. La distribución de la baja se conformaba por lo menos de cinco accesorias con dimensiones que oscilaban entre los 12 m de largo por 7 de ancho.

Las áreas de trabajo se componían al menos de cuatro habitaciones en una de las cuales se ubicaron tres piletas para el lavado y curtido de piel. Estas tenían una forma semicircular en planta con dimensiones entre 0.95 m de largo, 0.85 m de ancho y 0.30 m de profundidad. El único vano de acceso que daba lugar a un pasillo que conducía a las áreas de trabajo, se consideró como la forma directa de comunicación con el traspatio, ubicado inmediatamente al sur del predio, en donde se encontraron las concentraciones de materia orgánica, desechos de cuero, carbón y grasa. Entre los objetos más relevantes recuperados en este contexto mencionaremos la figurilla de un penitente Alisado Monocromo (1621-1800); una suela completa de cuero y varias vasijas domésticas del tipo Vidriado Anaranjado Monocromo (1621-1821). Entre los restos de fauna registrados en el área definida como traspatio predominaron los huesos de Sus Scrofa (19%), Bos taurus (12%) y Ovis aries (7%), aunque hubo también huesos de conejo, gallina, guajolote, perro y tortuga (<4%). La frecuencia de lítica fue muy baja (Figura 5). Debido a la situación derivada de la pandemia del virus SARS-CoV2 (COVID-19), queda pendiente la tarea de abundar en las tareas de investigación documental que puedan sustentar con mayores elementos históricos la ocupación en este predio, de acuerdo a documentos de archivo. Finalmente queremos reconocer la colaboración de funcionarios y personal de la DSA, particularmente de las siguientes personas, ligadas durante las diferentes fases del proyecto en los duros meses de la pandemia entre 2020-2021: Arqlga. Mara Abigail Becerra Amezcua y Arq. Doris Ramírez Gutiérrez como apoyo académico, además de la participación del personal técnico en excavación: Mario Garmendia Ibarra, Juan Francisco Velázquez López, Roberto Domínguez Garmendia, Bardo Correa Gutiérrez, Guadalupe Pablo, Lázaro Benjamín Travieso Scarlett, Enrique Espitia Vázquez, Addyth Lizbeth Morales Téllez, Antonio Bonilla Alonso, Humberto Jiménez Jiménez y Marco Antonio Zúñiga. A todos agradecemos su gran labor en favor de la protección y salvaguarda del Patrimonio Cultural de la Nación en momentos tan difíciles para nuestro país.

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Figura 5. Objetos y vasijas de época histórica: figurillas de penitentes, cabeza antropomorfa, tejo con relieve zoomorfo, vale-moneda de cobre con diseño alfabético, suelas, tapas y recortes de cuero, semillas de aguacate (Persea americana) y durazno (Prunus pérsica), vasijas de los periodos del México Independiente (1821-1950), Colonial Medio-Tardío (1621-1821) y Colonial temprano (1521-1620).

 


Bibliografía referida

BRUN Martínez, Gabriel

1979 “La organización del trabajo y la estructura de la unidad doméstica de los zapateros y cigarreros de la Ciudad de México en 1811”, en: Organización de la producción y relaciones de trabajo en el siglo XIX en México. México: DIH-INAH (Cuaderno de trabajo 29)

CAMPOS-VARELA, Juan Carlos

2021 Salvamento Arqueológico Topacio 5. Centro Histórico, Alcaldía Cuauhtémoc, Ciudad de México. Expediente 2020-006. Informe técnico final. México: DSA-INAH

GONZÁLEZ-ANGULO M., Jorge

1979 “Los gremios de artesanos y el régimen de castas”, en: Organización de la producción y relaciones de trabajo en el siglo XIX en México. México: DIH-INAH (Cuaderno de trabajo 29)

NIETO Calleja, Raúl

1986 El oficio de zapatero. Antecedentes y tendencias, en: Nueva Antropología, Vol. VIII, No. 29. México: INAH-CIESAS-CONACYT-UNAM

SÁNCHEZ-REYES, Gabriela

2019 Una casa de curtiduría del siglo XVIII en el barrio de San Pablo. Empresa familiar y espacios productivos en la zona oriente de la Ciudad de México. México: INAH

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