Antecedentes

Con raíces en la década de los cuarenta del siglo XX con la que se considera la primera investigación de salvamento arqueológico formal llevada a cabo a propósito de la construcción de la presa Solís en Guanajuato entre 1945 y 1947, la Dirección de Salvamento Arqueológico surge primero como Sección de Salvamento Arqueológico en los años sesenta a iniciativa del arqueólogo José Luis Lorenzo, entonces director del Departamento de Prehistoria del Instituto Nacional de Antropología e Historia, como una instancia encargada de la recuperación, protección, investigación y divulgación del patrimonio arqueológico que diera respuesta a los programas de desarrollo urbano y del campo destinados a proveer a la población de servicios de índole diversa y que contemplaban la construcción de grandes obras de infraestructura, principalmente de presas en los ríos Grijalva y de las Balsas, así como las primeras líneas del metro en la ciudad de México.

La protección y salvaguarda del patrimonio arqueológico se convierten en premisas que la Sección de Salvamento Arqueológico, como dependencia del INAH, observan para hacer respetar lo establecido por la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y la Ley General de Bienes Nacionales, en las que se catalogan como bienes nacionales de dominio público los monumentos históricos o artísticos, muebles e inmuebles; los monumentos arqueológicos muebles e inmuebles y, los muebles de propiedad federal que por su naturaleza no sean normalmente substituibles, incluyendo las piezas paleontológicas.

Cobijados por la Ley Federal sobre Monumentos y Zonas Arqueológicos, Artísticos e Históricos de 1972 y al impulso de la ingente cantidad de obras del sexenio de López Portillo por el boom petrolero, en 1977 la otrora Sección deviene Departamento de Salvamento Arqueológico, el cual enfoca sus esfuerzos a la atención de nuevas presas, líneas del metro, gasoductos, tendidos eléctricos, entre otros, así como a la intervención en diversos predios y monumentos históricos de la Ciudad de México.

Para 1989, Salvamento Arqueológico se erige como Subdirección y, en 1995 ya como Dirección bajo la normatividad de la Coordinación Nacional de Arqueología, con una estructura más adecuada para resolver con mayores instrumentos legales la creciente planeación y construcción de obras de diversos tipos. El cúmulo de experiencia de casi medio siglo se tradujo necesariamente en la formalización de estrategias, elementos conceptuales y normas legislativas, como el caso de la firma y aplicación de convenios marco con SCT, CFE, Pemex y Conagua a partir del 2002, que coadyuvan a alcanzar los objetivos primordiales de lo que se ha nombrado como “arqueología de protección”.

Objetivos

La recuperación, registro y salvaguarda de los elementos perdurables que evidencian la actividad humana pasada, así como su investigación, conservación, difusión y divulgación.

La arqueología de salvamento es concebida como una modalidad que engloba, entre otras, a las labores de rescate y salvamento, ambas reconocidas por ley, a la cual se recurre cuando las evidencias materiales de grupos humanos pretéritos son susceptibles de ser afectados o están siendo alterados por obras de infraestructura públicas o privadas, por saqueadores o por agentes naturales. A los proyectos de construcción se les puede caracterizar dentro de dos amplios grupos, sin soslayar aquellos que sólo comprenden un sitio o elementos de un sitio:

  • Lineales: carreteras, gasoductos, oleoductos, líneas del metro, líneas de transmisión, entre otros.
  • Área/región: desarrollos turísticos, agrícolas, urbanos, ecológicos; plantas de tratamiento de aguas residuales, proyectos hidroeléctricos, subestaciones eléctricas, etcétera.

 

Si bien se entiende que la arqueología de salvamento comparte sus objetivos con la arqueología en general, la diferencia estriba en que el área de estudio está determinada por las obras a construirse, al espacio de edificación, al tipo de obra y al tiempo de su realización, lo que limita la exploración arqueológica, pues se debe ceñir al área de afectación con un cronograma de trabajo que se ajuste a la calendarización de la obra, para lo cual la Dirección de Salvamento Arqueológico ha instrumentado estrategias de trabajo que le han permitido dar respuesta a los programas de desarrollo, como los realizados en la Ciudad de México y el área metropolitana, en donde el incremento poblacional es un factor relacionado con la demanda de espacio habitable en primera instancia y, para actividades destinadas a la organización social, económica y política de sus habitantes; así como a los grandes proyectos de infraestructura en diversos estados de la República.

Bajo este esquema, la Dirección de Salvamento Arqueológico estructura sus proyectos de investigación a partir de inspecciones a los predios o zonas de obra para valorar la probabilidad del hallazgo de bienes o monumentos arqueológicos, así como las variables del proyecto de construcción; o en su caso, inspecciones o peritajes para valorar las afectaciones al patrimonio por obra, saqueos o producidas por agentes naturales que derivan en un dictamen, pues se consideran como componentes básicos la evaluación del potencial arqueológico, la definición de las estrategias técnicas y las bases normativas para poder evitar que se afecte o destruya el patrimonio arqueológico en riesgo, así como la definición de objetivos académicos, metodología, plazos, programas y, recursos humanos, financieros y materiales indispensables, sin olvidar la formalización en convenios de colaboración y la sanción académica del Consejo de Arqueología. Con los resultados obtenidos, se procede a elaborar un proyecto de

a.  Rescate, que es básicamente una intervención de emergencia ante afectaciones en proceso, o
b. Salvamento arqueológico, investigación que sigue un programa y tiempos de trabajo establecidos en el convenio de colaboración que se celebra entre        el INAH y los propietarios o desarrolladores de obra, ya sean organismos públicos o entes privados.

Funciones de las Subdirecciones

Los proyectos son instrumentados a través de las Subdirecciones de Protección y de Proyectos, la primera encargada de concertar y coordinar los que se realizan en la Ciudad de México y el área metropolitana, mientras que la de Proyectos de los que se desarrollan en el resto de los estados de la República. Ambas están facultadas para la proposición de los lineamientos que deben contemplar los convenios de colaboración con los propietarios o constructores, así como para la emisión de los dictámenes de visto bueno que la Dirección otorga en materia arqueológica. Asimismo, llevan a cabo labores encaminadas a la prevención de afectaciones a bienes o monumentos arqueológicos, como la creación de un mapa de potencial arqueológico que permite, entre otros aspectos, la inferencia o presunción de evidencias arqueológicas en predios o áreas en las que se realizarán nuevas obras de construcción, remodelaciones o ampliaciones.

Cabe señalar, sin embargo, que las investigaciones de salvamento y los rescates arqueológicos no son facultad exclusiva de la Dirección de Salvamento Arqueológico, pues los Centros INAH estatales también las realizan, mas cuando carecen de personal o de infraestructura, los turnan para que esta Dirección los lleve a cabo, pues su jurisdicción aplica en toda la República. Además, ha sido considerada como área normativa a través de la cual otras instancias que dependen de la Coordinación Nacional de Arqueología deben gestionar los proyectos de salvamento y rescate y emitir los dictámenes correspondientes.

Las investigaciones hasta ahora llevadas a cabo por la Dirección de Salvamento Arqueológico han permitido registrar la presencia de fauna pleistocénica principalmente asociada a lechos lacustres, como osamentas de mamut, caballo, garza y bisonte, con una antigüedad aproximada de entre doce y catorce mil años. Se han descubierto asimismo basamentos piramidales, obras hidráulicas, unidades domésticas, esculturas, figurillas, vasijas y otros muchos objetos que datan de la época prehispánica (1000 a.C. hasta 1521 d.C.); así como monedas, armas, municiones, botellas y demás piezas del periodo virreinal; osamentas humanas y materiales orgánicos de diferentes periodos que se han conservado hasta la actualidad y que denotan una larga ocupación de nuestro territorio nacional. Los bienes así recuperados son catalogados y resguardados por la Sección de Catálogo de la DSA, en donde además son sometidos a procesos de restauración y consolidación que aseguran su preservación y estabilidad.

El proceso de modernización, el crecimiento poblacional, las modificaciones a los regímenes de tenencia de la tierra, las afectaciones al entorno natural, entre otros factores, seguirán, por lo que la labor de Salvamento Arqueológico deberá continuar y profundizar en aspectos que permitan lograr los objetivos académicos, legales y principalmente sociales de nuestra labor.

La participación activa y permanente de todos los miembros de la sociedad es indispensable para la recuperación y protección de nuestro patrimonio arqueológico.