Exterior del Pedregal después de la exploración. Archivo Técnico de la Coordinación Nacional de Arqueología del INAH. Reproducción Jaziel Díaz INAH

Exterior del Pedregal después de la exploración. Archivo Técnico de la CNA del INAH. Reproducción Jaziel Díaz INAH

Cuicuilco no fue el único asentamiento del sur de la Cuenca de México en sucumbir a la furia del volcán Xitle; cinco kilómetros al norte, Copilco también quedó sepultada alrededor del 250 d.C., tras su erupción. Excavado científicamente hace un siglo, en la actualidad arqueólogos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) han vuelto al Pedregal de San Ángel para desentrañar bajo la lava, uno de los sitios más representativos en la conformación de las primeras aldeas en Mesoamérica.

El 11 de agosto de 1917, el arqueólogo Manuel Gamio y su hermano Gabriel, el primero, director de Estudios Arqueológicos y Etnográficos, y el segundo, inspector de la misma, comenzaron las excavaciones en Copilco aplicando técnicas estratigráficas. Dichos trabajos y los más recientes, a cargo de la Dirección de Registro Público de Monumentos y Zonas Arqueológicos e Históricos del INAH (DRPMZAH), serán analizados en un encuentro académico.

Copilco, bajo un mar de lava. A cien años de su descubrimiento reunirá a cerca de 20 investigadores en el Museo de El Carmen, los días 10 y 11 de agosto. En ese marco, en el recinto ubicado en Av. Revolución 4 y 6, colonia San Ángel, será inaugurada una exposición con fotografías históricas y materiales de excavación obtenidos por Gamio hace una centuria.

Se abordarán las primeras investigaciones arqueológicas; el nuevo levantamiento topográfico; la estratigrafía e interpretación arqueológica del sitio; su vida cotidiana vista desde los utensilios domésticos; la caracterización de la cerámica hallada en el lugar, así como el paisaje y paleoambiente de Copilco antes de la erupción del Xitle, entre otros aspectos.

Vitrina de exhibición de entierro en el Museo de Copilco. 1960. SECRETARÍA DE CULTURA.INAH.SINAFO.FN.MX

Como expresan los arqueólogos Margarita Treviño y Acuña, Efraín Flores López, María del Carmen Solanes Carraro, Emma Marmolejo Morales y José Ignacio Sánchez Alaniz, en la historia del mundo el despertar de algunos volcanes, que representan verdaderas tragedias por las víctimas, han dado lugar a depósitos arqueológicos de características excepcionales, como es el caso de Copilco.

Los estudios han demostrado que antes de verse abrumado por las emanaciones del Xitle, Copilco era abundante en fuentes de agua, tierra fértil y vegetación y otros recursos a su alcance. De acuerdo con las excavaciones, la afectación de las tierras por la permanente caída de ceniza desencadenó el abandono paulatino de la población.

La arqueóloga Margarita Treviño señala que la presencia de cerámica característica de las fases Ticomán-Zacatenco en los contextos arqueológicos, revela que el auge de la aldea de Copilco se dio entre 800 y 200 a.C., en el periodo Preclásico Medio.

De Copilco ya se tenían noticias desde finales del siglo XIX, por pequeños y fortuitos hallazgos en zonas cercanas, pero fue en 1917 cuando el arqueólogo Manuel Gamio emprendió las primeras investigaciones científicas en el sitio y descubrió evidencias culturales del Preclásico. Dada la trascendencia de los hallazgos, al año siguiente, 1918, el espacio se museografió para su visita pública y éste permaneció hasta inicios de los 80. En 1924, el antropólogo estadounidense Alfred Kroeber también realizó estudios durante un breve lapso.

José Ignacio Sánchez Alaniz, director del proyecto de investigación de la DRPMZAH, narra que los trabajos encabezadas por Gamio se efectuaron a través de cuatro túneles cavados bajo la lava, y aunque su extensión varía, su altura fluctúa entre 1.5 y 1.75 metros, y entre 2 y 2.5 metros de ancho.

Entre los hallazgos más sobresalientes están los entierros de adultos y de niños —la mayoría en un estado de conservación precario—, excavados directamente en el suelo, en fosas cilíndricas o bien dentro de vasijas. También se reportaron figurillas y silbatos de cerámica, navajas, puntas y núcleos de obsidiana y en menor cantidad fragmentos de pedernal; además de algunas esculturas, así como metates, molcajetes y manos de piedra.

Asimismo, se observaron pavimentos de piedra, que bien podrían corresponder a pisos o cimientos de casas. Los informes señalan que esos elementos se encontraban próximos a la base de la lava, por lo que se asume corresponden al último momento de ocupación del sitio.

El hecho de que los perfiles arqueológicos estén expuestos, entre otras evidencias, permiten ahora interpretarlos mediante nuevas técnicas de análisis y tomando en cuenta las aportaciones de recientes investigaciones. Es por ello que en 2013, el Proyecto Copilco: un sitio arqueológico del Pedregal de San Ángel retornó a explorar los túneles abiertos por Manuel Gamio casi un siglo atrás.

Aunado a los estudios estratigráficos que permiten ver la secuencia de elementos culturales y naturales, se efectuó un nuevo levantamiento topográfico con una estación total y se empleó un georradar para dilucidar sectores susceptibles de explorar; además, se tomaron muestras de carbón y cerámica para realizar fechamientos por carbono 14 y termoluminiscencia.

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Exploraciones en 2015. Foto Mauricio Marat INAH

Exploraciones en 2015. Foto Mauricio Marat INAH

 

Arqueólogos del INAH volvieron a explorar los túneles cavados hace un siglo por Manuel Gamio. Imagen de 2015. Foto Mauricio Marat, INAH

Arqueólogos del INAH volvieron a explorar los túneles cavados hace un siglo por Manuel Gamio. Imagen de 2015. Foto Mauricio Marat, INAH

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