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Foto: Javier Hinojosa-Lourdes Almeida, INAH.

Como el célebre rictus de Mona Lisa, el gesto risueño de las “caritas sonrientes” es un enigma, pero lo que ciencia y arte han podido descifrar sobre estas figurillas prehispánicas se da conocer ahora en el catálogo de la exposición Magia de la sonrisa en el Golfo de México, que tras su exitoso paso por Río de Janeiro, Brasil, en el marco de los pasados Juegos Olímpicos, a partir de este domingo se presenta en el Museo de las Culturas de Oaxaca.

La muestra se compone de más de un centenar de figurillas elaboradas en arcilla por las antiguas civilizaciones del centro de Veracruz (mixe, zoque y nahua, entre otras), que los especialistas denominan Culturas de la Costa del Golfo, las cuales habitaron esa región desde el periodo Preclásico Terminal hasta el Epiclásico (100 a.C.- 900 d.C.).

Pedro Francisco Sánchez Nava, coordinador nacional de Arqueología, del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), compila y analiza los conocimientos surgidos sobre este corpus de piezas mesoamericanas —concretamente del centro-sur y sur de la costa del Golfo de México— a la luz de la propia arqueología y la historia del arte.

Sobre esta novedad editorial del INAH, el investigador comentó que las “caritas sonrientes” representan un caso digno de estudio ya que poseen unicidad en su significación y valores estéticos, no obstante que fueron elaboradas a lo largo de un milenio, entre 100 a.C. y 900 d.C.

Incluso el poeta Octavio Paz reparó en ellas. En su libro La magia de la risa cita: “las figurillas totonacas ríen a plena luz y con la cara descubierta. No encontramos en ellas ninguno de los atributos divinos. No son un misterio tremendo ni una voluntad toda poderosa que las anima; tampoco poseen la ambigua fascinación del horror sobrenatural. Viven en la atmósfera divina pero no son dioses”.

Bajo distintas perspectivas, los especialistas parecen coincidir con la apreciación del escritor premiado con el Nobel de Literatura. Esas representaciones de hombres y mujeres, y excepcionalmente niños, hallados en contextos domésticos y también de ofrendas, están más cercanas a los retratos, “seguramente buscando plasmar en barro a la gente de las propias comunidades”, refirió el arqueólogo Sánchez Nava.

“Los datos recuperados nos indican que su empleo fue polivalente y dada su relevancia pudieron ser reutilizados”. En caso de las “caritas sonrientes” que son instrumentos musicales del tipo sonaja-silbato su utilización “pudo devenir como ofrendas en ritos mortuorios o en ceremonias propiciatorias de inicio o fin de ciclos, en el arranque o clausura de construcciones importantes, o incluso ser ofrendadas en la conclusión de eventos significativos dentro de la cosmogonía mesoamericana”.

El coordinador nacional de Arqueología del INAH detalló que tales figurillas se han encontrado sobre todo en grandes acumulaciones de material a las orillas de los montículos principales de sitios como Dicha tuerta, Nopiloa, Apachital, Loma de los Carmona y Los Cerros. La deposición que constituye estos vertederos pudo estar marcada por los 52 años que tardan los calendarios mesoamericanos de 260 días y 365 días en coincidir, marcando la celebración de un nuevo ciclo.

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Foto: Archivo Digital MNA, INAH.

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Foto: Javier Hinojosa-Lourdes Almeida, INAH.

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